HABLANDO DE ANIMALES
A propósito, hablando de animales; todos ellos merecen ser cuidados con cariño, admiración y respecto, ya que representan una de las creaciones maravillosas, de las que Dios doto nuestro bello planeta; para adornarlo, darle vida y para que el hombre con ellos se recreará.
Ellos, son tan sensibles como cualquier humano, sienten y lloran con dolor profundo, cuando les causamos, maltratos, tanto físicos como psicológicos.

Por lo tanto, y ante estas circunstancias, su agresividad se lanza hacia nosotros, única y solamente cuando injustamente y sin conciencia, muchas, muchísimas veces abusamos de ellos; sometiéndolos en forma irracional, a cumplir caprichos egoístas e insensibles, los que solo dan beneficios a nosotros mismos; como las aves que Dios las puso para adornar los cielos con sus pequeños cuerpos alados de colores; para arrullar la tierra con sus trinos y gorjeos, a demás para que fuesen libres como el viento, pero pasa, que el hombre, injustificadamente las cautiva y entristece sometiéndolas a vivir en una jaula, tan solo para dar gusto a su capricho.
De igual forma, los caballos; algunos los utilizan como medio de transporte, obligándolos a soportar sobre sus lomos cargas tan pesadas e incomodas que verdaderamente sus fuerzas no resisten, pero que a golpes e insultos, el hombre desconsideradamente consigue su objetivo.
Y así sucede tristemente, con todas y cada una de las especies de animales que en su complacencia Dios creo. Y que nosotros como racionales debemos cuidar y proteger.
Pues ellos son como niños que no pueden hablar, pero si reclaman con amor, cariño, consideración y buen trato, y debemos dárselos sin ninguna clase de miramientos.
Por lo anteriormente expuesto, a todos les recomendamos:
Si tienes algún animalito, en casa, o finca, o en cualquier parte; debes cuidarlo y darle mucho amor; porque si tu lo maltratas, a Dios no le va agradar y no lo va ver con buenos ojos, porque con seguridad considerada tu actitud de cruel y despiadada para con un ser indefenso y con seguridad te reprenderá.
Por Maria Santacruz.